Me giro, y ahí estas tú. Mirándome, escuchándome, sonriéndome. Desvío un momento la vista y cuando vuelvo a buscarte ya no estas. Eres como el crepitante bailar del fuego; brillante, cálido, reconfortante, bello, pero también inconstante, impredecible y fugaz…
Te alejas de mí, llevándote tu luz contigo, desconcertándome e hiriéndome sin saberlo. Pero siempre vuelves, y una sola palabra tuya basta para olvidar lo ocurrido y dejar que toda tu esencia me invada, dejándome vulnerable, indefensa y totalmente a tu merced. A veces te odio por ello…pero es un odio falso, sólo una pantomima para sentirme mejor conmigo misma.
Me miras. Me sonríes. Me acaricias. Me abrazas. Y yo disfruto de esos regalos, aun sabiendo que no son completamente mios. No de la manera en que a mi me gustaría.
Me hablas. Me halagas. Me regalas los oídos. Y yo me crezco, aun con el dolor secreto de saber que por muchas cualidades y virtudes que veas en mí, no son suficientes…
Pero cuando estamos juntos nos rodea una energía diferente, nuestra relación no es corriente. Hay una comprensión y una compenetracíon especial entre nosotros. Todo el mundo puede verlo. Todos menos tú…tú no lo ves.

Eso es amor y lo demás son tonterías.
ResponderEliminarSaludos,
Sara.
a veces siento lo mismo, te entiendo jajaja
ResponderEliminarescribes genial perra...¬¬ jaja
sanDrii*
Bestial Mariel, bestial. Bien expresado, se me ha encogido el corazón hasta a mi, y creo saber porque escribes ese corto, pero bonito texto. Ya te lo dire en privado. Felicidades!!!!
ResponderEliminarPotorrín, te tengo que decir que cada día mejoras más :)
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